Frase aleatoria de Mundodisco


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martes, diciembre 12, 2006

Fabricio Peláez, ingeniero en fontanería

#include <standard disclaimer>
- No tengo nada contra los fontaneros en concreto ni contra ninguna otra profesión, y la elección de un fontanero como protagonista ha sido motivada simplemente porque era una profesión bastante apropiada para el estilo que quería darle a la obra.
- Esta obra está vagamente inspirada en un texto que leí hace tiempo que se llamaba "If architects had to work like programmers", que data por lo menos de 1997, y cuyo autor desconozco.
- Ninguno de los (dos) personajes que aparecen en la obra son, ni tienen parecido alguno, con personas reales, y si lo tienen es por purita coincidencia. De verdad.

FABRICIO PELAEZ, INGENIERO EN FONTANERÍA
(o "¿Y si los fontaneros tuvieran que trabajar como los ingenieros?")

- Tragicomedia en dos actos -

PRIMER ACTO

[La escena, en una habitación pequeña y con pocos muebles. Suena un teléfono. Vemos aparecer a un hombre con un mono azul (Fabricio Peláez), que corre apresurado hacia el mismo y lo descuelga]

Fabricio Peláez: Fabricio Peláez Fontaneros, ¿dígame?
Cliente: [Voz en off] Buenos días. Verá, quería saber si podría usted arreglarme el lavabo.
FP: Bueno, supongo que sí, ¿qué le pasa?
Cliente: Pues que tiene un problema, que no va bien.
FP: ¿No podría ser un poco más específico?
Cliente: ¡Caramba! Ya le he dicho bastante, hombre. ¿Y usted se llama fontanero? Bueno, ¿cuánto tiempo tardará en arreglarlo? Es que necesito saberlo a priori para planificar mi tarde y presupuestar cuánto voy a pagarle.
FP: Pues como no me diga un poco más concretamente lo que le pasa, no sé...
Cliente: ¿Más concretamente dice? ¿AÚN más? Bueno, no se preocupe, ya llamaré a otro fontanero, buenos días.
FP: [Visiblemente nervioso] No, no, espere... ehm... no sé... si es un lavabo... pues pongamos... ¿dos horas?
Cliente: De acuerdo, dos horas me parece bien, tiene usted desde las 17:39 hasta las 19:39 de esta tarde.
FP: Pues nada, allí estaré... supongo.

[Fabricio cae derrumbado sobre una silla que hay junto al teléfono con expresión de resignación. Telón]

SEGUNDO ACTO
Cuadro primero

[Se ve una casa bien amueblada y lujosa, con cuadros que hasta parecen auténticos y varias puertas al fondo, todas cerradas. Suena un timbre y por una de las puertas del fondo aparece el Cliente, elegantemente vestido]

Cliente: Buenos días, usted debe ser Fabricio Peláez, ¿no?
FP: Pues sí, soy yo.
Cliente: Pase, pase... sígame, por aquí.

[El Cliente conduce a Fabricio hasta una habitación a la que se accede por la izquierda de la escena. La habitación es muy pequeña, y solamente tiene, en medio, una mesita baja]

Cliente: Bueno, pues aquí tiene el lavabo.
FP: Eeehhmm... esto es una mesa.
Cliente: No, es un lavabo, se lo digo yo.
FP: Es que... es una mesa.
Cliente: Mire, el decorador me dijo que es un lavabo, así que por lo que a mí respecta, es un lavabo.

[Fabricio mira la mesa desconcertado]

Cliente: Bueno, pues como comprenderá, necesito que de este lavabo de aquí salga agua fría y caliente, y tiene usted dos horas como habíamos quedado, así que ya está tardando en empezar.

[El cliente sale de la habitación y desaparece por otra de las puertas del fondo]

FP: Pues nada... a ver cómo convierto yo esto en un lavabo en menos de dos horas...

[Cae lentamente el telón mientras Fabricio empuja la mesa hacia el fondo de la habitación, como queriendo quitarla de enmedio]

Cuadro segundo

[En la habitación donde antes estaba la mesa hay, adosado a una de las paredes laterales, un lavabo. Fabricio lo mira con expresión sonriente y satisfecha, y justo en ese momento aparece el Cliente]

Cliente: ¿Y esto qué es?
FP: El lavabo, como usted quería. He tenido que ir a buscarlo, elegirlo, pagarlo, comprar veinte metros de cañerías para poder traer el agua hasta aquí, instalarlas, abrir los agujeros pertinentes... pero ya está. Un lavabo perfectamente funcional, con agua caliente y fría y hasta un soporte para el jabón.

[Fabricio coge orgulloso el soporte para el jabón y se lo enseña al Cliente]

Cliente: Esto no es un lavabo.

[Fabricio se pone de todos los colores]

Cliente: Ah, no, espere, ya sé lo que pasa. Yo lo que quería era una bañera... qué rabia, siempre confundo esas dos palabras... Bueno, da igual, seguro que con todo lo que ha hecho ya no le importa tirar el lavabo y poner la bañera, que es casi lo mismo. Además ha sido problema suyo, que no se enteró bien de lo que le dije. Menos mal que reservé una hora más de mi tarde para usted por si acaso la pifiaba, que si no...
FP: [Visiblemente enfadado] Aquí no cabe una bañera.
Cliente: Lo siento, pero ése no es mi problema. Usted aceptó el trabajo en su momento, así que ya puede ir poniendo aquí la bañera. Además, bastante he hecho con darle una hora más. Si es que estos fontaneros se quejan de vicio...

[El Cliente se va por la misma puerta de antes, dejando a Fabricio solo con el lavabo]

FP: ¡Oh! Y ahora, ¿quién podrá defenderme?

[Cae el telón]

Cuadro tercero

[Como era de esperar, el lavabo ya ha desaparecido y en su lugar se encuentra una bañera reluciente, con su mampara y todo. Fabricio se sacude las manos satisfecho del trabajo realizado, cuando vuelve a entrar el Cliente.]

FP: Pues nada, aquí tiene usted su bañera.
Cliente: Vaya, a mí me habría gustado más en la otra esquina de la habitación, y en azul en vez de blanca. Y siempre dije que si tuviera una bañera me gustaría que tuviera hidromasaje. Y la mampara es un poco pequeña. Y el grifo no es exactamente cómo yo lo había imaginado. Pero bueno, qué le vamos a hacer, ya déjela como está.
FP: Bueno, pues me alegro de que le guste, ¿eh?.
Cliente: Entonces a ver... son doce euros por dos horas de trabajo, porque no pensará usted cobrarme la que ha tardado de más por no haber entendido lo que le pedí, ¿no?. Y además soy generoso, porque ni siquiera le cobro todo lo que ha gastado de luz y de agua para poner la bañera.
FP: Pero, ¿y el precio de las cañerías? ¿y el lavabo? ¿y la bañera? ¿y...? Bueno, da igual, déjelo, con tal de irme de aquí no me importa. Vengan esos catorce euros.
Cliente: Hala, aquí los tiene, buenos días.

[El Cliente le da el dinero a Fabricio y le señala la puerta. Fabricio recoge sus cosas y se va despacito, y justo cuando está abriendo la puerta para irse, el Cliente le llama de nuevo]

Cliente: ¡Oiga! Una cosa, que me había olvidado... es que verá, el grifo de la cocina tiene nosequé problema o algo, y además el agua no sale justo a la temperatura que a mí me gusta... Y total, como a usted esto le gusta seguro que no le importa mirármelo en un momentito, ¿verdad? Sin cobrarme nada, claro, que bastante dinero se me ha llevado ya hoy, ¿eh?
FP: [mirando al público] ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ NO ESTUDIÉ BIOLOGÍA, COMO ME DIJO MI PADRE?

[Se derrumba y comienza a llorar desconsolado. Cae definitivamente el telón]

martes, noviembre 07, 2006

Los "arquitectos" de la politécnica

En la Escuela Politécnica de Cáceres (o, al menos, en mi círculo de amigos-conocidos) siempre hemos dicho que el edificio de Teleco lo construyó Felix Klein (el de la botella de Klein), porque parece tener al menos cuatro dimensiones: hay escaleras que no se sabe dónde van, lugares del edificio a los que parece que no se puede llegar de ninguna manera, puertas en ubicaciones extrañas... en fin, lo que habría hecho Klein (o Escher, ahora que lo pienso) si hubiera tenido la oportunidad de construir un edificio para la Escuela Politécnica.
Pero en estos últimos días me he dado cuenta de que Klein no es el único no-arquitecto que ha tenido una contribución importante en el diseño de la Escuela: estoy en condiciones de afirmar que Jordan Mechner fue el encargado de colocar las baldosas que hay por toda la Politécnica.
Los más antiguos del lugar recordaréis el Prince of Persia original, en el que había baldosas trampa que si las pisabas se caían y acababas en el fondo de un precipicio. Pues aquí hay una versión sofisticada de las mismas: consiste en una baldosa que no está pegada al suelo y cuya base es completamente irregular, de tal forma que siempre tiene un lado levantado. Así, cuando llueve se llena de agua por debajo y si la pisas sin darte cuenta te pones de agua (y barro) hasta las cejas y dejas la trampa preparada para el siguiente incauto. Brillante.

miércoles, octubre 18, 2006

Los programas de monólogos

Desde hace algún tiempo, cada vez que veo un programa de monólogos me asalta la misma pregunta que al ver Pressing Catch: ¿esto ha sido siempre así?.
Cuando uno veía Pressing Catch de pequeño parecía algo espectacular, con tipos que se pegaban unos golpes tremendos y los soportaban porque estaban entrenados para ello, con combates llenos de emoción en los que uno no sabía nunca quién iba a ganar...
En cambio, ahora lo ves y la realidad es muy distinta: son tipos que fingen pegarse puñetazos cuando, en realidad, hay medio metro entre el puño de uno y la cara del otro, que saben simular caídas bastante bien (algunos de ellos serían buenos futbolistas, aunque la caída de Galletti del otro día es difícil de superar), y que desde el momento en el que salen a luchar se sabe perfectamente quién va a ganar.
Y ahora me pasa lo mismo con los programas de monólogos. Quiero pensar que al principio, en los primeros tiempos de El club de la comedia y similares, los monólogos eran realmente graciosos y yo me reía por eso. Pero ahora, ves casi cualquier monólogo (sigue habiendo honrosas excepciones, como Ángel Martín) y es algo como:
Monologuista: Hola, buenas noches.
Público: Jajajajajajajaja.
M: Gracias, gracias. Pues resulta que la otra noche...
P: Juas juas juas juas...
M: ... pues que iba yo con unos amigos, y de repente dice mi amigo Paco:
P: Jojojojojojo.
M: "¿A que no sabéis lo que me dijo mi novia el otro día?"
P: -Aplausos, carcajadas histéricas-
M: "Pues que me deja"
P: -una señora se muere, literalmente, de risa, el público estalla en ovaciones-
(... y así ad infinitum).
¿Soy el único que tiene esta sensación?

miércoles, febrero 08, 2006

El del mármol

8:00 AM. Suena mi portero automático. Para el que no lo conozca, mi portero automático sería capaz de despertar a la Bella Durmiente en plena fase REM. Me levanto de la cama y camino hacia el telefonillo chocándome con las cosas.

YO: ¿Grmpfh?
VOZ: Hola, soy el del mármol, ¿me podría abrir?
YO: Grrmph.

Abro la puerta y me vuelvo para la cama con la misma, pero con una duda enorme. ¿Qué mármol viene a poner este señor? Porque yo no tengo mármol ninguno, y menos a las 8 de la mañana. Ah, ya sé, seguro que viene a poner mármol en algún lugar del edificio que yo no conozco y me ha tocado en un sorteo ante notario ser el pringao que se despierte y le abra la puerta al señor. Me lo podían haber dicho, leches...
Me vuelvo a meter en la cama.

8:05 AM. Suena el timbre de mi casa. Esto ya es más grave. Me levanto y me pongo la bata de "Sir Gonzalo" (Hola Julio :-)), para imponer cierto respeto a pesar del pijama, los calcetines de dibujos y el pañuelo al cuello con el Vicks Vaporub. Echo una ojeada por la mirilla (y no veo nada porque todavía no he conseguido abrir los ojos del todo) y abro la puerta.

YO: ¿Grmph?
SEÑOR: Buenas, que venía a lo de la encimera
YO: [Ni siquiera me sale un "Grmphfh?", simplemente me quedo mirando al señor con cara de sueño y de "no tengo ninguna encimera, gracias"]
SEÑOR: Sí, este es el 2º C, ¿no?
YO: Mgprh.
SEÑOR: Y tú no eres María Fulanítez, ¿no?
YO: *MUTE ON* Sí señor, pero es que recién levantada estoy algo distinta, ¿sabe usted? *MUTE OFF* [Vuelvo a poner la cara de "no tengo ninguna encimera, gracias", pero el señor no se da por aludido]
SEÑOR: ¿Y no hay otro 2º C?
YO: *MUTE ON* Pues sí, hay tres más, y un 5ºL, y un pi-ésimo B, pero los escondemos y los cambiamos de sitio cada semana para fastidiar a los señores que vienen de madrugada a poner encimeras *MUTE OFF* Grmphno.
SEÑOR: Maldita sea mi suerte... Espérate, voy a llamar a la chica, a ver dónde es.
YO: *MUTE ON* Sí hombre, yo me espero, si total, no tengo nada mejor que hacer a las 8 de la mañana... *MUTE OFF*
SEÑOR: Cago en la leche, no me coge el teléfono...
YO: *MUTE ON* ¿A que se acaba autoinvitando a desayunar? *MUTE OFF*
SEÑOR: Ah, ¡hola! ¿María? Sí, ¿que en qué piso es? Ah, 2º D... vaya... pues acabo de despertar al chaval de aquí al lado... vale, hasta ahora
YO: *MUTE ON* Grmopashfjaskhmmkfsakkkqqq!!!! *MUTE OFF*
SEÑOR: Pues nada, lo siento, hasta luego
Yo: Grmph.

Cierro la puerta. Otro maravilloso día acaba de empezar.

viernes, junio 24, 2005

Ocho cosas que me molestan cuando conduzco

  1. Los pasos de peatones elevados (¿qué culpa tienen de lo que sea los amortiguadores de mi coche?)
  2. La gente que va a 80 cuando hay que ir a 120, a 80 cuando hay que ir a 100, a 80 cuando hay que ir a 80, a 80 cuando hay que ir a 50... y así ad infinitum.
  3. Los que tienen la bocina conectada directamente a la luz verde de los semáforos.
  4. Los que van por el carril de dentro de las rotondas e intentan salir de las mismas atravesando tu coche.
  5. Los que aparcan en batería intentando con mucho cuidadito dejar la línea que separa dos sitios de aparcamiento justo en medio de su coche.
  6. La gente que deja dos metros por delante de su coche y dos metros por detrás cuando aparca.
  7. La gente que decide que es muy divertido ir a cinco centímetros del coche de delante.
  8. Las motos que suenan como aviones.
Se admiten sugerencias para llegar a 10, 20, ...

jueves, agosto 21, 2003

La dieta y yo

Estoy a dieta. Sí, yo, el accionista mayoritario de Burger King en España (sí, sí, reíos si queréis, pero en sus listas de beneficios anuales salgo con nombre y dos apellidos), el hombre que mantiene el récord Guiness de pipas comidas de una sentada, la persona que ha sido capaz de poner más ingredientes en una pizza sin que se hunda ni se le caigan por los lados.

Yo nunca he sido de muy buen comer, lo reconozco. Jamás le encontré la gracia a comer verduras porque sí (ni por ningún otro motivo), pudiendo evitarlo no como nada que haya salido del mar, y las frutas tienen la hermosa virtud de no quitarme el hambre ni en cantidades industriales. De hecho es que siempre he tenido tres normas para catalogar si algo me va a gustar o no. Para que algo me guste tiene que:
- Tener madre
- Vivir en tierra
- Ser capaz de andar por su propio pie, hacia delante
Lo de "hacia delante" es que alguien me sugirió una vez el cangrejo y tuve que hacer una pequeña modificación en la regla, para evitar malentendidos. Como es obvio hay unas cuantas excepciones, pero vamos, que como norma general es bastante concisa y bastante aproximada a la realidad.

Ponerse a dieta es una decisión difícil. De hecho yo he necesitado tres años de indirectas de mi madre ("alguien está engordando...", "a alguien no le vendría mal un poco de ejercicio", "quieres soltar de una vez esa bolsa de patatas?", ...) para empezar. Y aún así, sigo sin estar convencido de que esto le pueda hacer ningún bien a nadie, no creo que tanto sacrificio pueda tener un final feliz. Cuesta muchísimo acostumbrarse a que esas pizzas que te pasabas media hora haciendo (más que nada por aquello de que te vas comiendo los ingredientes mientras la haces) ahora se hayan convertido en un mísero batidito de frutas, a que esos platos de carne con patatas que casi parecían patatas con carne ahora sean dos filetes pequeñitos camuflados entre la decoración del plato.

Y si ya es un mal momento el de tomar la decisión, peor aún es cuando empiezas a darte cuenta de que no eras el único en el mundo que comía demasiado. Pones la tele y te encuentras un hermoso documental sobre todo lo que comen los osos antes de hibernar, cambias a toda velocidad de canal y te encuentras una convención de comedores de cangrejo. Que vale, a mí el cangrejo no me gusta, pero a estas alturas uno se comería incluso unas acelgas (bueno, eso no, quizás he exagerado un poco). Y te dices "bueno, pues hala, me voy a ver Eurosport, que ahí no hay peligro". Y allí está, esperándote, un campeonato de sumo. Que serán atletas profesionales, que pasarán una vida muy perra entrenando, pero seamos serios, si están como están es porque comen mucho.

Y no basta con la tele, toda tu casa está llena de tentaciones. Esos 23 paquetes de galletas de chocolate que compraste para por si una tarde tenías más hambre de lo normal al merendar. Esa bolsas de patatas abierta, que como empezaste la dieta antes de terminarlas ahí están las pobres, abandonadas a su suerte, que las ves al pasar por la cocina y se te llenan los ojos de lágrimas. Tú, que antes eras con ellas como uña y carne, y ahora cruzas la cara y pasas por el otro lado de la cocina para evitar encontrártelas.

Pero, ¿quién tiene la culpa de todo esto? No es por meterme con nadie, pero la culpa la tiene Dios. Como bien dicen en la película "Time Bandits" los Monty Python (o al menos algunos de ellos), "¿En qué estaba pensando Dios cuando creó el mundo? ¡43 especies de loros!". Pues sí, la verdad es que podría haberse entretenido menos con los loros y haber hecho más justo el reparto de las calorías. Porque no es serio en absoluto que todo lo que está bueno tenga demasiadas calorías. A ver, ¿por qué el cerdo tiene miles de calorías y el pescado no? ¿Por qué el queso sí y la leche no, si vienen a ser lo mismo? ¿Por qué los frutos secos sí y las frutas no, si apenas hay una letra de diferencia (bueno, y la parte de "secos", pero vamos, que si hay que echarle agua yo se la echo)? ¿Qué hizo el chocolate en una vida anterior para que en esta lo castiguen de esta manera?. Empiezo a pensar que lo que está bueno son las calorías en sí mismas, porque si no no me lo explico. ¿Alguien ha probado alguna vez una caloría? ¿Está buena? ¿Engorda? (a esa última no me respondáis, por favor, que bastante tengo ya con lo que tengo).

Por cierto, no sé si os lo he comentado, pero hoy es mi segundo día haciendo dieta.

domingo, agosto 10, 2003

El examen de física

Hace relativamente poco (realmente fue antesdeayer, pero como empiezo a escribir esto ahora y no sé cuándo lo voy a postear, lo dejaremos en "hace relativamente poco") se celebró el ya tradicional examen de Física de cada mes de Junio (también es tradicional el de Febrero, y el de Septiembre, y si te descuidas el de Diciembre, pero en este caso fue el de Junio).

Los exámenes de Física son algo realmente curioso. Uno llega al mismo como media hora antes, ya se sabe, la Física la tiene pendiente toda la Escuela Politécnica y claro, si llegas a la hora justa lo mismo no hay sitio y acabas haciendo el examen de pie. Y hacer un examen de Física ya es cruel de por sí, pero hacerlo de pie le parecería horrible incluso al propio Torquemada.

Una vez que tus colegas y tú decidís en cuál de las 23 aulas en las que está convocado el examen vais a suspender buscáis un buen sitio, al ladito de una columna, al final de la clase. Así se puede formar un cluster no muy visible en caso de necesidad, y además hay un sitio donde puedes apoyarte para llorar cuando te den el examen.

Dejas las cosas sobre la mesa (los apuntes, la calculadora, el DNI, el permiso de residencia, el pasaporte, el título de bachillerato, un diploma que ganaste una vez en un concurso de dibujo... con esta gente nunca se sabe) y entonces levantas la mirada del suelo (o de los apuntes, depende) y empiezas a echar un vistazo a la gente. En un examen de física hay todo tipo de especímenes. Desde gente que empezó la carrera contigo y a la que no habías vuelto a ver desde entonces, a señores medio calvos y con barba que ya tenían cara de llevar veinte años allí cuando tú empezaste la carrera y ahí siguen. Seguramente todos ellos tengan ya mujer e hijos y quizás otras dos carreras, pero da igual, siguen con la Física de 1º pendiente.

A estas alturas ya te estás poniendo nervioso, porque claro, llevas media hora allí, intentando acordarte de la fórmula del campo magnético producido por un generador de color verde sobre un cable infinitamente largo, de resistencia despreciable y orientado hacia la Meca por las tardes, que estás seguro de que va a entrar pero nadie recuerda haberla visto en los apuntes, y estás a punto de empezar a darte cabezazos contra la mesa.

Pero por fin parece que termina tu agonía (bueno, para ser más exactos lo que hace es empezar), llegan los catorce profesores de la asignatura (los dos de teoría, los tres de prácticas, los becarios, gente del departamento de físicas en general que simplemente viene a reírse, ...) con sendas cajas llenas de exámenes, y un sudor frío empieza a recorrer tu frente. Pero esto es un examen de Física y no podía ser todo tan sencillo como repartir los exámenes y comenzar. Dejan las cajas de exámenes sobre la mesa como pueden (ciertamente, no sé cómo una mesa de tamaño estándar puede soportar tantos kilos de papel) y deciden que no les gusta el aula en la que estás, que lo mejor va a ser dejarla libre y que la gente se reparta entre las otras como pueda.

Tú, que te lo habías currado para llegar media hora antes al examen para pillar un sitio decente, ahora te ves recogiendo todas las cosas como loco y corriendo por los pasillos intentando llegar el primero a cualquier otra clase a ver si aún queda libre algún sitio que no sea en primera fila. Pero claro, Murphy sabía que hoy tenías examen de física y tenía decidido cebarse en ti, así que acabas allí mismo, justo enfrente de la mesa del profesor, para que vea en primer plano cómo te vas acordando uno por uno de todos sus familiares mientras compruebas que una vez más, las preguntas no tienen nada que ver con lo (poco) que tú habías estudiado, y que en efecto, cae la fórmula del generador verde, y el problema vale 5 puntos.

Y claro, ante semejante panorama, sólo te queda una cosa por hacer. Te levantas, juntas toda la (escasa) dignidad que te queda, le dices al profesor aquello de "Mira detrás de ti, un mono de tres cabezas" y huyes dejando sobre la mesa un hermoso folio en blanco con tu nombre, que vea que por lo menos te has molestado en ir al examen.

Corolario final:
Se ve que Murphy se enteró de que estaba escribiendo esto y el muy cabrón (que no, que es broma, gracias Murphy :D) hizo que aprobara la física este año (yendo a reclamar el examen, claro está, no iba a ser todo tan fácil) para que este post quedara un poco "ridículo"... pero bueno, ya que lo he escrito no voy a tirarlo no? además, qué demonios, es el primero :P